6. El fracaso del método de autoridad
Para terminar podemos intentar identificar un último método utilizado por la doxa para intentar fundar el valor de las cosas: la consulta a los especialistas.
Si queremos encontrar el valor de la música, ¿por qué no preguntárselo al especialista en música, es decir al músico? Si queremos encontrar el valor de la pintura, ¿por qué no preguntárselo al pintor?
Los especialistas, que han pasado años con el objeto de su amor, parecen ser los más capacitados para revelarnos su valor.
Esta idea interesante nos parece presentar dos fallos. En primer lugar, todo lo que aprende el especialista de algo es a realizarlo. Sí, el bailarín profesional sabrá bailar mejor que nosotros y eso es precisamente lo que habrá aprendido durante sus largos años de entrenamiento. Pero probablemente no sabrá más que nosotros sobre el valor de la danza misma.
En efecto, la superioridad del especialista sobre nosotros, simples aficionados, es que está más experimentado, tiene más experiencia de la cosa que nosotros, razón por la cual se piensa que solo él puede encontrar su valor. Ahora bien, lo que acabamos de sugerir es que no se puede encontrar el valor de una cosa mediante la experiencia. Aparece así que este método de interrogar a los especialistas no es más que una forma particular del método empírico.
Por otra parte, a un especialista que insistiera, por ejemplo un pintor que proclamara que solo él puede encontrar el valor de la pintura, le daremos la respuesta que uno de sus semejantes, Apeles, pintor de la Antigüedad, dio a un zapatero. Este zapatero, especialista en zapatos, se burlaba de las sandalias que Apeles había representado en uno de sus cuadros; el pintor volvió a pintar las sandalias, pero cuando el zapatero regresó al día siguiente y se puso a criticar el resto del cuadro, le dijo: «Zapatero, no más arriba del zapato».
Pues bien, nosotros responderemos a ese pintor que pretendiera ser, en tanto que especialista, el único capaz de encontrar el valor de la pintura: «Pintor, no más arriba del pincel» y le sugeriremos, puesto que concede al especialista la autoridad suprema para juzgar su disciplina, que deje hablar al especialista de los valores, si existiera uno, es decir al axiológico.
El fracaso de estos cinco métodos sucesivos, métodos utilizados, según nos parece, sin tematización explícita por la opinión común o por ciertos filósofos, puede quizá llevarnos a concluir lo siguiente: los valores no están fundados porque los intentos realizados en este sentido han adoptado siempre la forma de uno u otro de estos métodos y este fenómeno de máxima importancia que es la no fundamentación de los valores ha echado raíces desde el pensamiento más antiguo hasta el pensamiento más contemporáneo.
El investigador que admite este hecho puede entonces tomarlo por objeto de sus meditaciones e intentar determinar cuáles pueden ser sus consecuencias. Si los valores no están fundados, ¿qué comportamiento existencial hay que adoptar a partir de ahí?