2/ Abrirse a las posiciones axiológicas extremas
Si es verdad que ya no es posible rechazar tal o cual posición axiológica puesto que los valores carecen de fundamento lo más sensato es probablemente ponerse a escucharlas. Es en cualquier caso la única posibilidad que nos queda por ahora. Se trata de escuchar y de tomar conciencia de la actividad que reina en el campo axiológico, es decir de examinar los juicios de valor que el ser humano emite cada día.
Lo que se nos aparece ante todo es que reina en el campo axiológico una intensa actividad, es decir que cada día se han formulado y se formulan una gran cantidad de juicios de valor.
Lo que después nos parece decisivo es el carácter sorprendente de su contenido, dicho de otro modo el hecho de que todas las cosas, incluidas las más absurdas y las más crueles, han sido consideradas por al menos algunos hombres como dotadas de valor. Comprendemos entonces que nuestros propios juicios de valor no representan más que una fracción insignificante de los juicios axiológicos posibles y nace en nosotros el deseo de descubrir esas posiciones axiológicas sorprendentes que quizá ni siquiera habíamos imaginado antes.
Es al examen de algunas de estas posiciones axiológicas al que queremos pasar ahora. Son posiciones axiológicas extremas o límites porque nos parece que las posiciones límite son las más esclarecedoras cuando se trata de abarcar un tema.
1. El nihilismo
a) Un término cajón de sastre
Se trata de escuchar la interpelación del nihilista cuyo escándalo debe ser llevado a la conciencia. Se plantea la pregunta: ¿qué es un nihilista y qué tiene que decirnos?
El nihilismo se invoca a veces como «la corriente de pensamiento» sobre la que el estudio de los valores debería triunfar. Surge en nosotros una pregunta: antes de tratar de abatirlo ¿no habría que escuchar lo que el nihilismo nos dice, identificar lo que es un nihilista y dejarnos alcanzar por el escándalo de su idea? Sospechamos en efecto que, por falta de esa escucha, la oposición al nihilismo ha fallado hasta ahora su propio objeto.
¿Cómo procederemos para delimitar lo que puede ser el nihilismo?
Podemos, en primer lugar, en una perspectiva genealógica, estudiar la historia del nihilismo como movimiento político e intelectual.
Así observamos para empezar que históricamente la palabra solo aparece en 1761 en un sentido religioso, en 1793 en un sentido político y en 1800 bajo la pluma de Hegel en un sentido metafísico.
Sin embargo no fue verdaderamente lanzada hasta 1862 por Turguénev en su novela Padres e hijos, aunque Nadejdine habría empleado el término ya en 18301.
Esta palabra sirve progresivamente para designar a los terroristas desesperados defendidos por Chernyshevski en ¿Qué hacer? en 1862 que cometen atentados contra el zar. Estos atentados se desatan después del congreso de Berlín (1878): el zar escapa a dos atentados pero sucumbe al tercero (1881), lo que provoca una gran conmoción en Europa.
El término se atribuye entonces al pesimismo alemán cuya figura principal no es otra que Schopenhauer. El éxito de la filosofía de Schopenhauer junto con los atentados impulsa el nihilismo al primer plano de los términos de moda. Así, en Alemania como en Europa se abre un amplio debate sobre la caracterización del pesimismo.
El propio Nietzsche, en tanto que discípulo de Schopenhauer en sus primeras obras, fue públicamente clasificado en el campo del «nihilismo». Así, Zöckler, en su Historia de las relaciones entre teología y ciencia, califica a Nietzsche de pesimista nihilista
. El mismo Nietzsche acusa al cristianismo, al budismo y también a los pensamientos de Sócrates, Platón y Schopenhauer de ser formas de nihilismo.
Surgió entonces la cuestión: ¿acaso el nihilismo no existía antes de que se creara el término? B. Saint-Sernin ve por su parte el nihilismo contenido en la doctrina india de la inexistencia (la nãstitva) pero también en el escepticismo griego: Aunque de hecho sea artificioso e históricamente discutible aplicar un término moderno a una escuela filosófica antigua, resulta sin embargo útil, para comprender el nihilismo como tipo ideal, considerar la figura de Pirrón. Si solo se tiene en cuenta el ámbito de las ideas, el escepticismo antiguo constituye en efecto, si no un nihilismo, al menos una doctrina que reúne la mayor parte de los argumentos críticos de los que se servirán los nihilistas
2. Ve finalmente también en la experiencia de «la noche oscura» de los grandes místicos una especie de nihilismo cristiano.
Lo vemos: esta investigación histórica no nos informa realmente sobre el sentido del concepto de nihilismo. Lo que vemos ante todo es que muchas doctrinas que parecen no tener gran cosa en común son calificadas de nihilistas. El sentido inicial, histórico, del nihilismo mezcla de forma indiscriminada su sentido religioso, político, filosófico, moral… Se trataría, en definitiva, quizá de un concepto cajón de sastre.
1. Cf Dictionnaire d’Ethique et de Philosophie morale, PUF, Paris, 2004, article « nihilisme »
2. Ibid.