c) La asimilación del nihilismo a un tipo de escepticismo
Esta asimilación del nihilismo al escepticismo no es ciertamente obra de Nietzsche, para quien este último no es una enfermedad sino, por el contrario, una fuerza de la voluntad y del pensamiento.
El escepticismo es símbolo de fuerza en tanto que encarna ya la honestidad del pensamiento: Pongo aparte a algunos escépticos, tipo mismo de la honestidad en la historia de la filosofía
1.
Pero sobre todo el escepticismo es sinónimo de fuerza de ánimo porque no se deja encerrar en una creencia, mientras que la necesidad de creencia, como toda necesidad, es sinónimo de debilidad: Los grandes espíritus son escépticos. Zaratustra es un escéptico. La fuerza, la libertad, sacadas del vigor y de la savia desbordante del espíritu se manifiestan por el escepticismo. Cuando se trata de lo que toca a los principios de valor y de no-valor los hombres de convicciones no cuentan en absoluto. Las convicciones son prisiones. […] La necesidad de fe, de algún absoluto en la afirmación y en la negación, es una necesidad de la debilidad. El hombre de la creencia, el creyente de cualquier tipo, es necesariamente un hombre dependiente, un hombre incapaz de tomarse a sí mismo como fin, de fijarse espontáneamente ningún fin
2.
El escepticismo al que piensa aquí Nietzsche es quizá el de Montaigne, con el que parece tener profundas afinidades intelectuales3. Se sabe que, el día de Navidad de 1870, Nietzsche recibió de manos de Cosima Wagner los Ensayos de Montaigne. Declara en varias ocasiones que vuelve continuamente a un pequeño número de viejos franceses
4 y que tiene algo de la petulancia de Montaigne en el espíritu y, quién sabe, quizá en el cuerpo
5. Como Montaigne, que se ve toujours en apprentissage et en espreuve
6, Nietzsche reclama para sí la peligrosa prerrogativa de poder vivir de ahora en adelante a modo de ensayo y de ofrecerse a la aventura
7.
En realidad lo que acerca nihilismo y escepticismo y parece hacerlos asimilables el uno al otro para ciertos autores (como, hemos visto, B. de Saint-Sernin) es el rechazo radical del mundo al que parecen conducir ambos. Este punto común será el que retendremos como justificación de su aproximación.
d) Crítica de esta confusión del nihilismo con el pesimismo y el escepticismo
Estas dificultades quizá solo aparecen porque hemos asimilado el sentido auténtico del nihilismo con su sentido histórico. Ahora bien, vemos que este último fluctúa y que se atribuye a doctrinas que quizá no pertenecen al nihilismo. Es decir, se busca lo que es el nihilismo a partir del estudio de ejemplos de lo que se considera nihilista sin estar seguros de ello. El círculo vicioso lógico salta a la vista.
Por nuestra parte preferiremos por ello otro método. Dejaremos de lado los supuestos ejemplos de nihilismo ya que no estamos seguros de que le pertenezcan realmente. Así, no buscaremos el significado del nihilismo a partir del estudio del pesimismo o del cristianismo, etc. Aparece entonces el problema: ¿a partir de qué podemos buscar el significado del nihilismo ahora que nos hemos privado, al parecer, de los únicos medios para captarlo?
En realidad interrogaremos al nihilismo a partir de la única cosa que poseemos de él, que sabemos de él: su nombre, «nihilismo».
¿Qué designa propiamente el nihil, la «nada» que el nihilismo lleva en su propio nombre? ¿Cuál es la «nada» del hombre de la «nada»? Pensamos que es la de la siguiente proposición: «en realidad, si se aprehende la realidad de las cosas, nada tiene valor, realmente, objetivamente».
A partir de esta definición inicial que el nihilismo porta en su propio nombre podemos utilizar el principio según el cual un concepto solo tiene realmente sentido si se distingue de los otros conceptos vecinos. En lugar de asimilarlo directamente al escepticismo, al pesimismo, al cristianismo, lo que en vez de enriquecer su significado lo haría desaparecer, buscaremos más bien si puede distinguirse de todas estas doctrinas.
Puede definirse el pesimismo como la doctrina axiológica que considera que la vida, el mundo, las cosas, no tienen ningún valor y que pasa entonces al modo de ser de la tristeza, del resentimiento, del suicidio. Se advierte entonces la diferencia radical entre pesimismo y nihilismo: si, en efecto, el nihilismo sostiene que la vida, el mundo, las cosas, no tienen en realidad ningún valor sostiene del mismo modo que la muerte, la tristeza, el resentimiento, la nada, tampoco tienen ningún valor real. En tanto que «contenidos de sentido», la muerte y la tristeza sufren la suerte que el nihilista inflige a todos los contenidos de sentido: la privación de todo valor real. Esta distinción parece, hay que admitirlo, puramente formal e incluso sofística, un simple cortar cabellos en cuatro, por así decir. Ahora bien, pensamos que arrastra consigo una gran consecuencia: el nihilismo no es un pesimismo.
En efecto el pesimismo es esa doctrina que considera que la tristeza o la muerte tienen un gran valor en cuanto que, por ejemplo, son las únicas actitudes auténticas del sabio (aunque esta doctrina no lo diga de manera tan explícita sin emplear textualmente el concepto de valor). En cuanto tal forma parte de esas corrientes de pensamiento que «todavía conceden un valor a algo».
Pero el nihilista presenta la especificidad de ser el único hombre que no concede valor a nada, a ningún contenido de sentido. Concede un sentido, una verdad, a las cosas y a los conceptos pero ningún valor. Se sitúa por tanto sobre un suelo radicalmente distinto que hay que pensar.
Se advierte además que el nihilismo tal como lo presenta Nietzsche no es un nihilismo auténtico sino un pesimismo clásico ya que el autor nos dice que es al advertir que sus tres ideales –fin, unidad, verdad– no están encarnados en el mundo real cuando el «nihilista» llega a desesperar del mundo. Es a partir de su ideal como el «nihilista» condena el mundo, lo que hace que Nietzsche nos trace el retrato de un nihilista que tiene ideales –verdadera contradicción en sí–, es decir que sigue concediendo un valor (¡y el más alto!) a varias cosas.
Esta concepción carente de sentido de un nihilismo idealista se encuentra aquí: El nihilista filósofo está convencido de que todo lo que sucede es absurdo y vano y de que no debería haber nada absurdo ni vano. Pero ¿de dónde viene ese “no debería”?
8.
Vemos así en qué el pesimismo y el nihilismo no pueden confundirse en absoluto y constituyen dos posiciones axiológicas consistentes: mientras que el nihilismo es negación del valor de todo contenido de sentido = X, el pesimismo concede un valor a ciertas acciones y pensamientos y el origen de sus sentimientos dolorosos y de sus pensamientos negativos puede ser incluso… un ideal.
1. El Anticristo, 12
2. El Anticristo, 54
3. Cf l’analyse de N. Panichi, revue Noésis, n°10, 2006, p.93-112
4. Ecce Homo, Por qué soy yo tan inteligente, 2
5. Ibid., 3
6. Ensayos, II, 2, 805 B
7. Humano, demasiado humano, prefacio, §4
8. La voluntad de poder, libro 1 : El Nihilismo Europeo, 36