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B/ ¿En el sujeto?


1/ Definición y presentación de las dos clases de subjetivismo


Definimos el subjetivismo (axiológico) como la doctrina que afirma que el valor no pertenece por sí mismo a las cosas (como pretende el objetivismo), sino que es el hombre quien lo atribuye a las cosas. A partir de esta definición común pueden distinguirse —de manera radical— dos tipos de subjetivismo según el significado exacto que se dé al término «atribuir» en la expresión «el hombre atribuye un valor a las cosas».

Según la primera clase de subjetivismo, «atribuir» significa que el valor, creado por el hombre, o más bien engendrado por su deseo, permanece en él y no constituye más que una ficción, un simple concepto que no concierne al mundo real.
«El hombre atribuye un valor a las cosas» significa entonces simplemente que el hombre proyecta sobre el mundo valores que este no posee realmente, valores meramente humanos que solo conciernen al hombre y solo tienen sentido para él. Cabe denominar subjetivismo a esta posición axiológica porque afirma que los valores residen únicamente en la subjetividad y carecen de toda objetividad.

El segundo tipo de subjetivismo le es exactamente contrario, y resulta algo incómodo reunir bajo una misma denominación dos posiciones tan distantes. Esta segunda posición axiológica considera que el hombre atribuye valores al mundo pero no se limita a proyectarlos, sino que los crea efectivamente, es decir, que el valor llega a ser tan real como la cosa a la que se le atribuye. El hombre crea el valor como el escultor crea una estatua o el pintor un cuadro; pero, dado que ese valor, aunque real u objetivo, ha sido creado por el hombre, sigue tratándose de un subjetivismo.
Proponemos llamar «subjetivismo creador» a esta segunda posición axiológica, para diferenciarla de la primera, a la que llamaremos «subjetivismo clásico» (antes que «subjetivismo estéril», expresión que nos parece demasiado cargada negativamente para hacer justicia a esta doctrina).

Examinaremos esta doctrina —en su doble aspecto— con el fin de captar su significado y su legitimidad.


a) La prehistoria del subjetivismo: Protágoras

Así presentado, el subjetivismo axiológico parece ser una aplicación particular, en el ámbito de los valores, de la célebre sentencia de Protágoras: El hombre es la medida de todas las cosas. Esta doctrina sería entonces tan antigua como su contraria, el objetivismo, y cabría pensar que corresponde a un modo de aprehensión del mundo que algunas personas adoptarían instintivamente en cualquier época; dicho de otro modo, no habría una inclinación instintiva prioritaria hacia el objetivismo.
Se desconoce qué entendía exactamente Protágoras al presentar «al hombre como medida de todas las cosas»: quizá no se refiriera a tal o cual hombre particular sino al hombre como especie, en cuyo caso se trataría más bien de una suerte de «especismo».

En realidad, no nos interesa especialmente examinar los albores que rodearon el nacimiento del subjetivismo, sino atender a la época en que este se afirmó con fuerza como doctrina axiológica consistente —y no como simple sentencia enigmática, a la manera de Protágoras—: el siglo XVII.