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3/ Conclusión: el fracaso de esta alternativa, propuesta de una tercera vía


Nos hemos preguntado dónde puede buscarse el valor de una cosa. ¿En la cosa misma, como pretende el objetivismo, o en el sujeto que se lo conferiría, como afirma el subjetivismo?

Ambas propuestas nos han parecido fracasar. Dicho de otro modo, el objetivismo y el subjetivismo axiológico parecen igualmente imposibles, bien porque no se puede dar un valor al objeto, bien porque no se puede encontrar en él: son dos callejones sin salida. Entonces puede apoderarse de nosotros la perplejidad, porque no se ve cómo proceder.

Sin embargo debe alzarse en nosotros una pregunta: ¿no será porque hemos planteado una alternativa demasiado estricta por lo que conocemos este fracaso? Es decir, hemos procedido como si solo hubiera dos soluciones posibles —o el objeto o el sujeto— a nuestra cuestión, pero ¿no se puede imaginar una tercera? ¿No estamos presos indebidamente en este dualismo sujeto-objeto que ha modelado, desde Descartes, nuestra conciencia occidental y que tantos pensadores modernos y contemporáneos ponen en cuestión?

La idea que entonces aparece y que querríamos proponer a la reflexión es la siguiente: quizá no haya que buscar el valor ni en el objeto ni en el sujeto sino en su relación y en esa relación particular que une objeto y sujeto en el ámbito del valor: el amor.

Las preguntas que vamos a plantear y que serán el objeto de nuestro próximo momento de reflexión son: «¿es el amor el concepto clave de la axiología?» o: «¿es el amor el concepto en el que se escondería la clave de la determinación del valor de una cosa?».
Abordaremos entonces por fin la parte afirmativa y constructiva de nuestra reflexión, pues hasta ahora nos hemos aplicado a una tarea negativa, la de identificar las confusiones que nos parecía que se habían producido y que impedían que el problema de los valores se planteara correctamente.


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