d) El nacimiento del subjetivismo creador: Nietzsche
Si el subjetivismo clásico se encuentra posteriormente en varios autores, su retomada de esta doctrina no nos parece añadir nada significativo a la descripción que hemos hecho de ella en Hobbes y Spinoza. Preferimos por tanto concentrarnos en la aparición de la segunda forma de subjetivismo, que renueva en profundidad a la primera hasta llegar a conclusiones opuestas: el subjetivismo creador.
Es en Nietzsche donde esta doctrina nos parece afirmarse triunfalmente, con toda la belleza y la complejidad que la caracterizan, especialmente en este parágrafo de La gaya ciencia:
Nosotros, los que meditamos y sentimos, somos quienes hacemos de verdad y sin cesar algo que todavía no existe, a saber este mundo siempre creciente de apreciaciones, de colores, de valoraciones, de perspectivas, de grados, de afirmaciones y de negaciones. Es este poema de nuestra invención lo que aquellos a quienes llaman hombres prácticos han aprendido, ejercitado, traducido en carne y en realidad.
1.
Todo lo que tiene algún valor en el mundo actual no lo tiene en sí, no lo tiene por su naturaleza –la naturaleza es siempre carente de valor– sino que un día ha recibido valor, como un don, y nosotros hemos sido los donadores
Esto lleva a Nietzsche a romper con el paradigma de la contemplación para adoptar el de la acción o, mejor aún, el de la creación: el hombre cree ser un contemplativo pero en realidad es creador de aquello que pretende contemplar pasivamente:
El mundo se llena cada vez más para quien se eleva a las alturas de la humanidad, cada vez se le lanzan más anzuelos, el interés crece a su alrededor. […] Pero al mismo tiempo le acompaña sin cesar una ilusión: cree estar colocado como espectador y oyente ante el gran espectáculo que es la vida, dice que su naturaleza es contemplativa y no advierte que él mismo es el verdadero poeta y creador de la vida
2.
A la inversa, si el hombre que crea está animado por una pasión triste como el resentimiento entonces el mundo mismo, en la medida en que es su creación, se degradará axiológicamente: La resolución cristiana de encontrar el mundo feo y malo ha hecho el mundo feo y malo
3.
El resentimiento degrada el valor del mundo porque, pasión negativa, se opone de hecho a toda creación que, en cuanto creación, es afirmación pura. A la inversa del resentimiento Nietzsche defiende la idea de una ética afirmativa, una «ética del Sí».
Esto conduce a Nietzsche a la célebre doctrina del amor fati que es afirmación pura, acogida sin resentimiento de todos los acontecimientos que el destino nos ofrece: Quiero aprender cada vez más a considerar como bello lo que hay de necesario en las cosas, así seré de aquellos que embellecen las cosas. […] No quiero entrar en guerra contra la fealdad. No quiero acusar. Apartar mi mirada, que sea esa mi única negación
4
En realidad, esta «Ética del Sí» se constituye también sobre un rechazo, sobre una negación por tanto, pero cuyo objeto no es el mundo sino ciertas doctrinas que los pensadores han elaborado sobre él. Todas ellas tienen en común negar o condenar el principio mismo sobre el que se funda el mundo, la voluntad de poder: Tengo la fortuna de haber reencontrado, más allá de siglos enteros de extravío y confusión, el camino que conduce a un sí y a un no. Enseño el no a todo lo que debilita, a lo que agota. Enseño el sí a todo lo que fortalece, a lo que acumula fuerza, a lo que justifica el sentimiento de fuerza
5.
Nietzsche se opone a las teorías de la negación, y esta negación de la negación constituye también, indirectamente, una afirmación.
Se ve así que el subjetivismo creador desemboca en conclusiones opuestas a las del subjetivismo clásico aun partiendo de los mismos presupuestos.
1. La gaya ciencia, §301
2. Ibid.
3. La gaya ciencia, IV, §130
4. La gaya ciencia, V, §276
5. La voluntad de poder, libro 1 : El Nihilismo Europeo, §58