II/ Panorama axiológico de nuestra época
a/ ¿Cómo caracterizar axiológicamente nuestra época?
a) El fin de los grandes relatos (Lyotard)
¿Qué caracteriza desde el punto de vista axiológico a nuestra época? ¿Cuál es el perfil axiológico de nuestro tiempo? Lyotard ha considerado posible resumir este perfil en una fórmula lapidaria: el «fin de los grandes relatos»: Simplificando al máximo llamo posmoderna a la incredulidad respecto de los metarrelatos
1. Es con el nombre de «posmodernidad» como se designa nuestra época. ¿Qué puede significar esta fórmula?
Un relato es un discurso narrativo que tiene un sentido, un significado. Una sucesión de palabras inconexas no puede constituir un relato, solo un delirio. Un relato no puede ser una rapsodia, por hablar en términos musicales, sino únicamente una melodía. El narrador no puede hacer con las palabras lo que un hombre hace al dejar correr al azar sus dedos sobre el teclado de un piano. Pero además un relato debe tener un sentido, una dirección, es decir un comienzo, un medio y un final: una dirección. En un relato se persigue un fin, por ejemplo el de «vivir felices y tener muchos hijos». Todos los acontecimientos del relato están orientados al menos en principio hacia la realización de ese fin y no son más que medios destinados a esa finalidad.
Decir que nuestra época comienza cuando se acaba la era de los grandes relatos es decir entonces que el ser humano ya no concede ningún crédito a ninguna teoría que asignaría a nuestra época un significado y una dirección.
Esto no significa que ya no pueda encontrarse ningún sentido en el mundo sino que ese sentido sea cual sea no está llevado por la historia; no es el tiempo el que constituye por sí mismo ese sentido y lo hace desplegarse sobre nosotros en toda su plenitud. Somos nosotros mismos quienes damos ese sentido al mundo y quienes lo imprimimos en él con nuestro trabajo y nuestros esfuerzos y este desaparece en cuanto nuestro esfuerzo o nuestra voluntad se agotan o cambian de objeto.
Tampoco significa que nuestra época no sea ya para el ser humano más que una errancia sin rumbo; no es que el ser humano ya no pueda fijarse una dirección y vaya al azar con cada uno de sus actos marcado por una profunda irracionalidad (de hecho el hombre posmoderno es quizá aquel cuya vida está más determinada por el cálculo racional del interés). Es que ahora cada ser humano se fija una dirección, la suya propia, y la multiplicidad de estas orientaciones ya no consigue converger hacia un punto único que sería la dirección de la humanidad.
Los dos relatos a los que alude Lyotard son probablemente los propuestos por Hegel y Marx que asignan a la historia del ser humano un sentido (los acontecimientos no se encadenan al azar sino que son llevados por el Espíritu del mundo o por la dialéctica de las relaciones de producción) y un destino final (el Saber absoluto o la aparición de un Estado en el que las clases y por tanto también sus conflictos quedan abolidos).
Con el «fin de los grandes relatos» diagnosticado por Lyotard podemos imaginar que lo que se produce en la historia ya no es una melodía de acontecimientos sino una rapsodia de acontecimientos e incluso varias rapsodias pues todo el mundo toca al mismo tiempo: una cacofonía.
El mundo como cacofonía: he aquí una definición de nuestra época tal como parece estar contenida en la proposición de Lyotard.
¿Qué pensar de este diagnóstico?
1. La condición postmoderna, Introducción