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En otros pasajes Nietzsche sin más consideración fisiológica por la noción de cuerpo atribuye a la moral un origen puramente social: Allí donde encontramos una moral encontramos una valoración y una jerarquía de acciones e instintos humanos [que] son siempre la expresión de las necesidades de una comunidad o de un rebaño. Lo que les conviene es también la medida superior para el valor de todos los individuos. Por la moral el individuo es instruido para ser función del rebaño y para atribuirse valor solo en tanto que función. Como las condiciones para la conservación de una comunidad han sido muy diferentes de una comunidad a otra se siguieron morales muy distintas […]. La moralidad es el instinto de rebaño en el individuo1.

Aquí vemos que la fisiología ya no es la perspectiva que elige Nietzsche: el «instinto de rebaño» no remite al cuerpo propio de cada individuo sino que representa un instinto puramente social. Ya no es porque yo sea débil que elijo tal moral, es porque la sociedad ha elegido esa moral y en tanto miembro de ella la adopto también.

Por último Nietzsche atribuye como origen de la moral cristiana un sentimiento psicológico: el resentimiento (que podría definirse como la mala cólera del sentimiento de la propia debilidad y la envidia celosa hacia quienes no lo son): La revuelta de los esclavos en la moral comienza cuando el resentimiento mismo se vuelve creador y engendra valores: el resentimiento de esos seres a quienes la verdadera reacción la de la acción les está vedada y que no encuentran compensación sino en una venganza imaginaria2. El resentimiento conduce al débil a crear una moral es decir la condena de la libertad y de la autoafirmación del fuerte por tanto es origen de la moral.

Estos tres orígenes están por supuesto ligados: el resentimiento psicológico proviene de la debilidad fisiológica de mi cuerpo y del mismo modo solo puedo querer recibir mi moral de la sociedad porque soy tan fisiológicamente débil que no puedo salir del rebaño. La noción que enlaza estos tres enfoques y que constituye en última instancia el verdadero origen de la moral es la del interés.

Si adopto tal o cual moral es porque me interesa adoptarla. Si soy humilde es porque me interesa en cuanto ser débil no ser arrogante para no atraer los golpes de los poderosos: El gusano se encoge cuando se le pisa. Esto es muy sabio. Con ello disminuye la posibilidad de que lo pisen de nuevo. En el lenguaje de la moral: humildad3.

Mi interés consiste a la vez en ser moral porque soy fisiológicamente débil y porque de otro modo la sociedad me castigará por mi inmoralidad. El resentimiento es el signo psicológico de que soy moral solo por interés y no por verdadero amor de la moralidad: los celos hacia los poderosos muestran que querría ser como ellos amoral.


c/ Crítica de la genealogía nietzscheana

Gracias a Nietzsche quizá hemos identificado el origen de la moral y en último término también de la religión: el interés. Me interesa ser moral y que exista un Dios. Esto podemos concedérselo a Nietzsche. Pero no se limita a afirmar ese origen, le confiere el estatuto de fundamento. Dicho de otro modo, el origen de la moral sería a la vez su fundamento —por fundamento de una idea entendemos según las dos acepciones posibles su verdad o su valor—.
Busquemos cómo se produce exactamente este deslizamiento de Nietzsche del origen al fundamento de la moral.

Nietzsche comienza mostrando que distingue de veras ambas cuestiones: Lo que me importaba entonces era algo más importante que un conjunto de hipótesis personales sobre el origen de la moral. […] Para mí se trataba del valor de la moral, y a este respecto tenía casi exclusivamente que explicarme con mi gran maestro Schopenhauer4.

Afirma por tanto que captar el origen de la moral es solo secundario respecto de un proyecto mucho más ambicioso: captar su valor o su fundamento. Tanto es así que Nietzsche sostiene que si el origen de la moral fuera un error —por ejemplo la opinión que un pueblo puede tener sobre su moral— eso no disminuiría su valor: El valor del precepto “tú debes” es profundamente distinto e independiente de tales opiniones sobre ese precepto y de la cizaña de errores con que quizá esté cubierto; del mismo modo la eficacia de un medicamento sobre un enfermo no guarda relación con las nociones médicas de ese enfermo, sean científicas o sepa tanto como una vieja. Una moral podría incluso tener su origen en un error: esta constatación ni rozaría el problema de su valor5.

Sin embargo a medida que avanzamos en la lectura no podemos sino rendirnos a la evidencia: Nietzsche no pasa nunca a la cuestión propia del fundamento de la moral y solo habla de ella en términos de origen. La condena de la moral se realiza así a partir de la puesta al descubierto de su origen según un razonamiento nunca formulado explícitamente —paradoja tratándose del núcleo de la condena nietzscheana de la moral— que podría resumirse así: el origen de la moral es el interés; ahora bien el interés es algo despreciable de valor negativo por tanto la moral es algo despreciable sin valor.
Este razonamiento en apariencia evidente es en realidad una confusión que no nos parece aceptable por múltiples razones.


1. Ibid., §116
2. La genealogía de la moral, I, §10
3. El ocaso de los ídolos, Máximas & Dardos, 31
4. La genealogía de la moral, prólogo, §5
5. La gaya ciencia, §345