1/ El concepto de bien
Para abandonar un concepto hay que mostrar en él una imperfección constitutiva. El defecto esencial del concepto «bien» es su ambigüedad.
Kant estableció que «bien» puede designar lo agradable o el bien moral, el Wohl o el Gut. «Es bueno comer un helado» apela al concepto de bien de un modo muy distinto del de «Es bueno que hagas los deberes».
Sin embargo, nos parece que sería subestimar la ambigüedad del concepto de bien reducirlo a solo dos sentidos distintos. Una ambigüedad que divide un concepto en dos sentidos no es una auténtica ambigüedad; es solo un leve equívoco, pronto disipado, un simple retraso de la reflexión que ni siquiera necesita corregirse de forma explícita —el contexto basta.
Por nuestra parte nos parece que pueden atribuirse no menos de seis sentidos a «bien» en la expresión «está bien». «Bien» puede significar:
• el bien moral. «Está bien» significa entonces «es moralmente bueno» o «es virtuoso».
• lo agradable. «Está bien» significa «esto me produce placer».
• la felicidad. «Está bien» significa entonces: «es bueno» o «me hace feliz».
• lo ventajoso / lo útil. «Está bien» significa «sirve a mis intereses».
• lo adecuado. «Está bien» significa entonces «está bien hecho/fabricado/adaptado».
• el valor. «Está bien» significa entonces: «esto tiene un gran valor».
El concepto de bien está «minado» por todos esos sentidos y cuando se usa para plantear el problema de los valores se corre el riesgo de caer en la mayor confusión y en el sinsentido porque nunca se sabe con precisión qué significa.
Usar el concepto de «bien» para plantear el problema axiológico —preguntándose, de forma clásica, «¿cuál es el sumo bien?»— es por tanto complicarse de entrada la tarea en una investigación que ya encierra las mayores dificultades.
En suma, para evitar toda ambigüedad hay que abandonar el concepto de bien o más bien emplearlo en un único sentido: el bien moral y precisar siempre «bien moral». La palabra «bien» no la usaremos nunca sola sino siempre seguida del adjetivo «moral». Sola engaña siempre porque esa soledad es ilusoria; la acompañan en secreto seis sentidos distintos que mezcla alegremente.
Construir una axiología sobre la palabra «bien» es por tanto cargarla con el peso de una disciplina auxiliar: la hermenéutica, que tendrá la tarea de determinar el sentido exacto de cada juicio axiológico intentando reconstruir según el contexto la intención del autor.
Volvemos a encontrar esta ambigüedad en el antepasado de nuestro concepto de bien: el término griego «agathon».
Se nos plantea un problema: no hallamos un equivalente griego de la palabra española «valor». «Valor» procede no del griego sino del latín «valere»: ser fuerte, estar sano. En Platón y Aristóteles solo encontramos el concepto de «agathon» (αγαθόν) que se ha traducido por «bien».
Se plantea entonces una pregunta: ¿puede decirse que puesto que no existe la palabra «valor» tampoco existe la noción en el pensamiento griego? ¿Debemos creer que este pensamiento permaneció sordo a toda consideración de valor? Eso sería absurdo pues el pensamiento platónico por ejemplo aparece más bien marcado por el afán de establecer jerarquías o mejor de hallar la única y verdadera jerarquía; una mirada como la platónica orientada hacia lo «alto» no puede sino tomar como objeto principal el problema de los valores. Como muestra Lavelle: Solo en nuestros días se ha preguntado si podía constituirse una ciencia autónoma de los valores a la que incluso se ha propuesto dar el nombre de axiología. Pero la búsqueda del valor es tan antigua como la reflexión
1.
No obstante no debemos pasar por alto este hecho: no hay un equivalente griego de la palabra española «valor». El griego «axion», de donde deriva nuestra «axiología», guarda parentesco con nuestro «valor» en el sentido contemporáneo pues designa «lo precioso, digno de estima»2. Pero la indagación sobre los valores se realiza en el pensamiento antiguo más bien mediante el concepto de «agathon» (bien) que mediante el de «axion»: se busca el «sumo bien» y no el «valor supremo».
Ahora bien el concepto de «agathon» está marcado por la misma ambigüedad que caracteriza al concepto de «bien». Esta ambigüedad la deplora el propio Platón: algunos, señala en la República, dicen que el bien consiste en la inteligencia… del bien. Pero ¿qué quieren decir con ello? ¿Cómo no va a ser gracioso que nos reprochen nuestra ignorancia respecto del bien y luego nos hablen de él como si lo conociéramos? Dicen que es la inteligencia del bien como si hubiéramos de entenderlos en cuanto pronuncien ese nombre de bien
3.
1. Traité des valeurs, I, 1
2. Ibid.
3. República, 505bc