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3/ El concepto de cualidad


Nos parece que el valor se ha asimilado a un concepto afín, el de «cualidad», es decir que a menudo se ha pensado que buscar el valor de una cosa era buscar sus cualidades. Si mostramos que en un acto se hallan ciertas cualidades, por ejemplo «bondad», «generosidad», etc., con ello habremos determinado su valor. Hablar de las cualidades tradicionalmente reconocidas como tales —lo bello, lo verdadero, el bien moral, etc.— sería hablar de los valores y la pregunta «¿qué tiene valor?» se asemejaría a cuestiones del tipo «¿qué tiene valor de verdad?», «¿qué tiene valor estético?» o «¿qué tiene valor moral?», etc.

Por ello la asimilación de valor y cualidad tiene como correlato necesario la teoría según la cual existirían varios tipos de valores. Si en efecto el valor no fuera otra cosa que la cualidad, entonces como hay varios tipos de cualidades (lo bello, el bien moral, etc.) debe haber varios tipos de valores. La asimilación valor/cualidad tiene por efecto poner el valor en plural y hacer que solo se pueda hablar legítimamente de los valores —y ya no del valor. Este paso al plural es el que nos parece legítimo examinar.

Así, Bouglé señala con razón que todo puede ser susceptible de tener valor: El valor encuentra su lugar en la esfera de la economía política, en la de la moral, del arte, de la religión. En ninguna de esas esferas está prisionero. Es, a decir verdad, una categoría universal capaz de las aplicaciones más variadas. Se pueden emitir juicios de valor sobre un mueble como sobre un gesto, sobre un rito como sobre un poema1.
Ruyer insiste, en otro lugar, en el número muy elevado de cosas que tienen valor: Puesto que para delimitar aproximadamente el dominio de los valores puede uno servirse del conjunto de todos los adjetivos o de todas las formas, es que los valores son innumerables. La tríada clásica de lo Verdadero, lo Bello y lo Bueno ha contribuido a que se desconozca esta variedad infinita. Es sin duda responsable en parte del retraso con que la filosofía ha reconocido la extrema generalidad de la noción2.

Pero Bouglé deduce de esta idea algo muy distinto, a saber: que hay varios géneros de valores: Y por eso decimos que existe un mundo de los valores. Estéticos o morales, religiosos o económicos, todos por igual solicitan nuestra atención, buscan nuestras simpatías, exigen nuestros esfuerzos3.
Para él el progreso de la especie humana consiste en la toma de conciencia progresiva por parte del ser humano de la diferenciación de las distintas esferas de valor: Los hombres de las sociedades primitivas parecen poco capaces de situarse para juzgar las cosas y a las personas desde puntos de vista diversos: estético, moral, religioso o económico. Esta capacidad crece en ellos con la civilización. Sus mismas complicaciones hacen necesarias las distinciones y así cada mundo de valores conquista poco a poco su autonomía. El arte, la moral y la técnica se liberan cada una a su modo4.
Estas esferas de valor, aunque distintas, están ligadas entre sí: ¿Significa eso que entre estos diversos sistemas de valores cesan todas las relaciones? Lejos de ahí. Sucede que la religión y el arte, por ejemplo, o el arte y la moral, aunaron sus esfuerzos. En suma, junto a la tendencia a la disociación opera en el mundo de los valores una tendencia a la conjunción5.

Esta teoría aparece en varios autores que infieren de la multiplicidad de cosas que tienen valor la multiplicidad de los valores mismos y luego buscan, dentro de esa multiplicidad, si los valores están ligados o si hay un conflicto irreductible de valores. Así, Mehl adopta la primera solución: Ningún valor puede pretender subsistir por sí mismo. No hay valor que no sea llamada a otros valores. No hay verdad que no se quiera buena y salutífera, ni bien que no sea primero verdadero, ni valor que no se oponga a la compartimentación de nuestra existencia en sectores separados6, y también Ruyer, que observa que la falta de verdad degrada el arte, del mismo modo que la política se vuelve catastrófica o la religión degenera en mito.

Se ve entonces que esta confusión entre valor y cualidad conduce a imaginar la existencia de valores en plural, para los cuales hay que indagar la presencia o la ausencia de vínculos. Hay que ponerlos en plural porque cada cualidad representa un valor específico: el valor estético, el valor moral, etc., y la pluralidad de las cualidades entraña la pluralidad de los géneros de valor. Esta es la teoría cuya falta de fundamento vamos a intentar mostrar ahora.


1. Leçons de sociologie sur l’évolution des valeurs, ch. 1
2. Philosophie de la valeur
3. Leçons de sociologie sur l’évolution des valeurs, ch. 1
4. Ibid., ch. 6
5. Ibid.
6. De l’autorité des valeurs, ch. III