3/ Críticas del intuicionismo
En general, es la fragilidad de la intuición como modo de conocimiento lo que se señala con el dedo. El intuicionista pretende que tiene el sentimiento de que tal o cual cosa tiene un valor. Pero como señala Bouglé, detrás del sentimiento quizá se esconda en realidad la fantasía
1.
El sentimiento puede degradarse en fantasía pero también en capricho y esto es lo que Bentham sostenía por su parte al reagrupar todas las supuestas fuentes de valor (la intuición, Dios, la recta razón, el sentido moral) bajo los rótulos de «principio de simpatía o antipatía» o «principio del capricho». Según todas estas fuentes de valor, una cosa se tiene por justa simplemente porque su defensor dice que es justa. A esto lo llama ipse-dixitismo: basta con tener la ocurrencia de decir que una cosa es justa para que lo sea. Pero como los caprichos de cada cual se oponen entre sí, el ipse-dixitismo no puede conducir más que a la cacofonía2.
Por ello, un argumento particularmente convincente contra el intuicionismo consiste en sostener que el análisis lingüístico puede mostrar que «saber por intuición» que una cosa existe no significa nada más que «creer» que existe3.
En realidad, por nuestra parte nos parece que el intuicionismo no puede en ningún caso constituir una respuesta al problema de los valores, porque no consiste más que en la indicación de un método que ha de permitir encontrar una respuesta al problema de los valores, pero no proporciona en absoluto el contenido de la propia respuesta.
Esta idea oscura quizá se aclare con lo que sigue.
Supongamos que nos plantean una cuestión física, empírica, por ejemplo: ¿un objeto soltado cae al suelo? y que respondemos: «es mediante la observación visual como vamos a determinarlo». Todavía no hemos respondido a nuestra pregunta inicial, solo hemos indicado un medio, una técnica, un método para responder a nuestra pregunta. Nos falta precisamente saber qué nos revelará esa observación visual.
Ahora supongamos que uno se pregunta: ¿tiene valor la moral? y que un intuicionista afirma tener la intuición de que tiene un gran valor. En realidad, lo que nos ha indicado con ello es el método por el cual ha visto qué hay en la moral que haga que tenga un gran valor: la intuición es ese método (es decir, un contacto inmediato con la cosa). Pero todavía nos queda por conocer ese misterioso elemento que esa famosa intuición se supone que ha descubierto en la moral y que le conferiría ese valor: todo, o casi todo, está por hacer. Quien se quedara ahí se parecería a aquel a quien se le preguntara: «¿cuál es la estatura de su hijo?» y que se limitara a responder: «hay que medirla con un metro». Ha indicado el método mediante el cual se puede responder a la pregunta pero no ha contestado la pregunta. Lo que se espera es una respuesta real, del tipo: mide 1,60 m.
Así, podemos estar agradecidos al intuicionista por señalarnos que la intuición es el método que le ha permitido descubrir que una cosa = X tiene un valor. Pero sigue siendo necesario preguntarle: «¿qué ha descubierto su intuición en la cosa X que hace que tenga un gran valor?»
El intuicionista se verá entonces invariablemente llevado a responder algo del tipo: «es la cualidad Y, que he encontrado en X, la que fundamenta su valor».
De ello pueden deducirse dos conclusiones:
– una respuesta así equivale a «X tiene valor porque Y», lo cual muestra que el intuicionismo, que se creía intuición inmediata, reside en realidad esencialmente en un discurso argumentativo que procede por la mediación de argumentos. O más bien: el intuicionismo, si quiere responder verdaderamente al problema de los valores y no limitarse simplemente a indicar un método para responderlo, debe transformarse en un discurso racional y argumentativo que procede por la mediación de razonamientos.
– esta respuesta se apoya en el método cualitativo (tratar de fundar el valor de una cosa mostrando la presencia de una cualidad en la cosa), cuya imposibilidad ya hemos mostrado (habrá que fundar el valor de esa cualidad y así sucesivamente, en una regresión al infinito).
Por ello se puede concluir: el intuicionismo no puede proporcionar un contenido de respuesta, sino solo un método para responder al problema de los valores, y este método se revela además inadecuado en la medida en que no consiste ni más ni menos que en el método cualitativo.
Vemos así que la cuestión epistemológica del método de la axiología como ciencia no se confunde en absoluto con la cuestión axiológica de qué tiene valor, y que incluso una vez resuelta esta última, la primera permanece por completo abierta.
El intuicionismo no representa más que uno de los numerosos rostros que ha podido adoptar el objetivismo axiológico. Probablemente ha llegado el momento de interesarnos ahora por otra de esas figuras del objetivismo de los valores: la axiología formal.
1. Leçons de sociologie sur l’évolution des valeurs, ch.1
2. Dictionnaire d’Ethique et de Philosophie morale, article « Bentham »
3. Ibid, article « Hare »