Un sitio sobre ética y filosofía de los valores

bandera de Francia

2/ La idea de una axiología formal


Con los proyectos de axiología formal aparecidos a finales del siglo XIX la axiología ha encontrado probablemente hasta ahora su expresión más lograda. Históricamente fueron Brentano, Husserl y Th. Lessing quienes iniciaron tal proyecto.

Se trata de apoyarse en un paralelismo con la lógica formal y de mostrar que puede pensarse el descubrimiento de leyes formales axiológicas, es decir leyes que dejarían de lado la cuestión de qué tiene o no tiene valor y que buscarían identificar las relaciones necesarias entre los conceptos axiológicos.

La lógica, como es sabido, capta a priori la necesidad y la universalidad de relaciones como «si A es B y B es C entonces A es C», haciendo abstracción de la naturaleza de A, B y C. Por analogía la axiología formal debería captar leyes como «el valor de A depende del valor de B, el valor de B depende del valor de C, luego el valor de A depende del valor de C», haciendo abstracción de la naturaleza de A, B y C, es decir de la cuestión de qué tiene valor.
La axiología formal descansa por tanto en el principio de la prudencia epistemológica y en una epojé de los valores; concede que no sabemos si hay valores o qué tiene valor pero sostiene que si A o B tienen valores entonces las leyes necesarias que afectan a esos valores son tales o cuales.

Se trata por tanto de salir de las «filosofías de los valores» que se encontraban hasta ahora para constituir una disciplina científica que tenga por objeto específico de estudio los valores y una validez tan universal y a priori como la lógica.

Aquí por tanto se abandona la idea intuicionista de una aprehensión inmediata de los valores para afirmar la necesidad de la constitución de una disciplina que proceda por la mediación de argumentos y razonamientos.
Sin embargo la evidencia conserva un papel en este proceso de mediación. La cadena de argumentos debe en efecto, según una perspectiva heredada de la tradición geométrica, fundarse en axiomas evidentes por sí mismos.

Los axiomas de Brentano son una brillante ilustración de ello. Brentano presenta en El origen del conocimiento moral estas cuatro proposiciones acerca de los valores, consideradas como evidentes y que constituyen por tanto otros tantos axiomas. Por ejemplo:

La existencia de un valor positivo es un valor positivo
La no existencia de un valor positivo es un valor negativo
La existencia de un valor negativo es un valor negativo
La no existencia de un valor negativo es un valor positivo.


Se ve que estas proposiciones dejan prudentemente indeterminada la cuestión de saber qué tiene valor, pero se limitan a las leyes formales que conciernen al concepto de valor. En cuanto tales estarían desprovistas de toda consideración valorativa y por tanto de todo prejuicio respecto de los valores. De este modo podrían permitir constituir una axiología formal objetiva y cierta al precio de abandonar la cuestión axiológica de qué tiene o no tiene valor.