3/ Las relaciones entre la axiología y la ontología
El contenido esencial de la ontología nos parece consistir en un debate, el milenario debate entre idealismo y realismo. ¿Qué es lo que es realmente real? ¿Son las ideas o las cosas, el pensamiento o la materia? O, invirtiendo la cuestión, ¿el mundo material que vemos, sentimos, tocamos es el mundo real o hay otro que se nos oculta?
La axiología puede, como hemos mostrado, ahorrarse este debate pues no se plantea la cuestión de la existencia de aquello cuyo valor busca. Cuando la axiología investiga el valor de un objeto, por ejemplo un árbol, no indaga si este es una idea o una cosa material, una cosa en sí o un fenómeno en sentido kantiano, un acontecimiento o un conjunto de átomos.
Sea cual sea la respuesta a esta pregunta que dé la ontología, lo único necesario para la axiología es que se le proponga un cierto «contenido de sentido = X», de naturaleza ontológica indeterminada, cuyo valor tenga que investigar. La axiología tiene por tanto esta particularidad: es absolutamente independiente de toda ontología y puede permitirse el lujo de no tomar partido en las cuestiones de la ontología, pues la respuesta a dichas cuestiones, sea cual sea, no la afectaría.
El concepto de «contenido de sentido» es por tanto primordial ya que realiza exactamente lo que necesita la axiología: no juzga si el referente del sentido es una cosa material o una simple representación sino que abstrae de su estatuto ontológico para retener solo el sentido. Cosa o idea, el X considerado tiene siempre el mismo sentido. Un caballo fotografiado y un caballo real tienen el mismo sentido: caballo.
En resumen, la axiología es absolutamente independiente de las controversias entre el realismo y el idealismo, en sentido kantiano. Por ello mismo se distancia de la metafísica, pues la cuestión de la naturaleza ontológica de las cosas parece profundamente irresoluble como todo buen problema metafísico.