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4/ La axiología : ¿ciencia práctica o teórica?


1/ Exposición de la idea según la cual la moral o la ética pertenecerían a la esfera práctica


a) La tripartición aristotélica de las esferas teórica, práctica y poiética

Toda aplicación del pensamiento es o práctica o poiética o teórica1. Es en la Metafísica donde Aristóteles propone esta configuración del campo del saber a la que se referirán incluso quienes se opongan a ella.
La tradición de los comentaristas verá en las ciencias teóricas la teología, la matemática y la física, en las ciencias prácticas la política, la ética y la economía y las ciencias poiéticas tendrían por objeto la téchne, es decir aquella actividad que engloba al mismo tiempo el arte y la técnica que nosotros, modernos, distinguimos.
Aristóteles divide y clasifica estas ciencias según dos criterios. En primer lugar según el origen del movimiento de su objeto. Así para la ciencia que produce algo [la ciencia poiética] el principio del movimiento está en el agente productor y no en el resultado producido aunque el movimiento se transmita a este. Del mismo modo para la ciencia práctica el movimiento no está en el objeto practicado, está más bien en los seres que practican y el movimiento ni siquiera se transmite a la acción, mientras que la ciencia teórica se aplica a seres que tienen en sí mismos el principio de su movimiento2.

Ahora bien, lo que tiene en sí mismo el principio de su movimiento es necesario mientras que lo que lo recibe de otro es contingente. Así solo los objetos de las ciencias teóricas son necesarios y los objetos de las esferas práctica y poiética están marcados por la contingencia. De ahí el segundo criterio de clasificación que coincide con el primero: el grado de certeza al que se puede llegar en cada uno de estos tres géneros de ciencias. Solo la ciencia teórica es susceptible, debido a la necesidad de su objeto, de alcanzar la certeza perfecta.
Se trata pues de un doble criterio, ontológico y epistemológico, uno deducido del otro, que lleva a Aristóteles a proponer tal configuración del campo del saber.
Esta tripartición de las ciencias es al mismo tiempo una jerarquización de ellas: las ciencias teóricas son las ciencias supremas ya que para Aristóteles si lo divino está en alguna parte es principalmente en una naturaleza semejante a aquella de la que hablamos3 [es decir aquella que tiene en sí misma el principio de su movimiento].

Interesémonos ahora por la ética para ver cómo encuentra su lugar en esta clasificación de las ciencias.

En primer lugar podrían aparecer dos dificultades. Así, como señala J.-L. Labarrière, toda presentación de la filosofía moral de Aristóteles tropieza de entrada con un escollo: él nunca emplea el adjetivo êthikê en su forma sustantivada y tampoco lo utiliza para calificar un ámbito de la filosofía o un tipo de ciencia4. No vincula lo que expone en la Ética a Nicómaco y en la Ética a Eudemo con una parte de la filosofía o con un tipo de ciencia que habría que llamar moral, filosofía moral o ciencia moral, ni siquiera con lo que llamamos filosofía práctica. En cambio encontramos la expresión «discurso ético» con la que Aristóteles designa el contenido de estas dos obras. En otras palabras, el término «ética» solo existe como adjetivo en el pensamiento de Aristóteles.

Por otra parte la ciencia que tiene por objeto estos «discursos éticos» no es la ética sino la política, el término politikê siendo empleado por él tanto como sustantivo como adjetivo que califica un cierto arte, una cierta ciencia o una cierta potencia o facultad (dunamis)5. La política es considerada como la ciencia arquitectónica suprema, es decir, las finalidades de las demás ciencias prácticas no son más que medios para esta, que apunta al fin supremo que Aristóteles designa como la felicidad.

Sin embargo probablemente no se puede inferir de estas dos dificultades que la moral o la ética, como disciplinas, no tengan ningún lugar en el campo del saber aristotélico por el hecho de que su contenido estaría asumido por la política. En realidad, si la ética está englobada en una esfera más amplia, la política, esto no equivale a suprimirla. Además esta política es en sí misma ampliamente moral, ya que Aristóteles busca «las buenas leyes».

Si denominamos pues, como hace la tradición, «ética» a la ciencia que tiene por objeto estos discursos éticos pasando por alto estas dificultades, observamos que solicita el intelecto de un modo completamente distinto al de las ciencias teóricas. De este hecho se seguiría que existe una racionalidad práctica, una racionalidad propia de los prakta, de las cosas que hay que hacer, y que por ello no es un simple calco de la racionalidad teórica6. Esta afirmación, dirigida directamente contra Platón, despertó el interés del neoaristotelismo que se constituyó en torno a los cursos impartidos por el joven Heidegger sobre Aristóteles, seguidos por Gadamer, Arendt o Leo Strauss.

Nos sería imposible ocuparnos aquí de la naturaleza exacta de esta racionalidad práctica y de los debates que ha podido suscitar. La idea que nos parece importante retener, y que procede de Aristóteles, es la siguiente: la moral, o la ética, es una ciencia práctica o concierne a la esfera práctica y no a la esfera teórica. Es precisamente esta idea la que ahora nos parece necesario interrogar.


1. Metafísica, E, 1
2. Metafísica, K, 7
3. Metafísica, E, 1
4. Dictionnaire d’Ethique et de Philosophie morale, article « Aristote »
5. Ibid.
6. M. Canto-Sperber, Dictionnaire d’Ethique et de Philosophie morale, article « Pratique »