b) La adopción kantiana del principio de la distinción entre las esferas práctica y teórica
Esta idea, que sitúa la moral en la esfera práctica y no en la teórica, parece haber sido generalmente admitida —pese a la competencia de la tripartición estoica que divide el saber en ética, lógica y física— hasta Kant, que nos parece retomar lo esencial de ella.
Así, presenta su filosofía moral en una Crítica de la razón práctica. Sin embargo, no procede así por las mismas razones que Aristóteles. No sitúa la moral en la esfera práctica por una consideración sobre el principio del movimiento o sobre el grado de certeza de su objeto, sino a partir de una distinción entre lo que depende de nuestra libertad y lo que no depende de ella.
Distingue así las esferas teórica y práctica ya en 1770: consideramos una cosa teóricamente en la medida en que solo prestamos atención a lo que concierne a su ser, la consideramos prácticamente si examinamos lo que debería pertenecerle por medio de la libertad
1.
Es en la Crítica de la razón práctica donde define de manera más explícita este concepto: es práctico para nosotros lo que debe ser realizado por nuestra voluntad
2.
El conocimiento práctico es, por tanto, aquel que contiene imperativos, mientras que los conocimientos teóricos son los que enuncian no lo que debe ser sino lo que es y por tanto tienen por objeto no un obrar sino un ser
3.
Así pues, es a partir de los conceptos de libertad, voluntad e imperativos como Kant define el campo práctico, y ya no a partir de los motivos aristotélicos que acabamos de evocar. No obstante, la idea permanece intacta: la moral pertenece al campo práctico.
c) Consecuencia de esta atribución de la moral a la esfera práctica
La idea de que la moral pertenece a la esfera práctica ha llevado, en primer lugar, a atribuirle ciertos rasgos ligados a la noción de praxis.
Ante todo, la praxis es fundamentalmente acción, que se diferencia de lo que podría tomarse erróneamente por una acción, a saber, la producción (poíesis). Esto ha llevado a considerar la moral como el estudio de cierto aspecto de la acción. Si esta acción es ejercida por el hombre, se ha llegado entonces a considerar la moral como el estudio de cierto carácter de la acción humana. De ello se ha concluido que estudiar la moral es estudiar algo que concierne a la acción y algo humano. El objeto de la moral sería entonces la acción humana.
Así, R. Misrahi propone esta definición de la moral: Moral: en el pensamiento tradicional designa la parte de la filosofía que se consagra a la búsqueda de los mejores principios de la conducta
4. Y da, por lo demás, el mismo sentido a la ética, que es la reflexión filosófica que se propone definir principios para la conducción de la vida
5, pero que, en esta búsqueda, pretende ser más bien una meditación sobre la felicidad que sobre nuestro deber.
Esta idea, según la cual la moral concierne a la acción y al hombre, nos parece generalmente admitida. Cierto que Kant afirma que aquella concierne a todo ser racional y no solo al hombre, pero eso incluye al hombre y, por tanto, no contradice el consenso que intentamos identificar. Por otra parte, algunos pensadores han defendido la idea de que el objeto de la moral podría residir más bien en el carácter del hombre, es decir, en algo que pertenece más al «ser» que al «hacer», pero solo porque se atribuye a ese «ser» una capacidad de influir en nuestra acción.
Es, pues, siempre la acción humana, en el fondo, el objeto de la moral. El mismo análisis puede hacerse si se sostiene que la moral reside en la intención y no en la acción, ya que solo se la considera como tal en la medida en que da lugar a una acción.
Lo que nos interesa aquí es determinar a qué concepción del valor ha podido conducir indirectamente esta concepción de la moral. Puesto que, en efecto, la reflexión sobre el valor se ha efectuado en y por la moral —siendo la moral la que ha absorbido la axiología, como hemos intentado mostrar—, esta concepción de la moral como perteneciente al campo práctico y no al teórico ha debido tener repercusiones sobre la concepción del valor.
La principal consiste, a nuestro juicio, en que ahora se tiende a ver la axiología como una ciencia práctica, vecina de la ética, de la política y de la economía, etc., y no como una ciencia teórica, vecina de las matemáticas o de la física. Si añadimos que, en la configuración contemporánea del saber, las disciplinas que estudian la acción humana son las «ciencias humanas», que se oponen a las ciencias «exactas», cabe pensar entonces que la concepción vaga de la axiología que se nos viene espontáneamente a la mente consiste en situarla entre las ciencias humanas.
Podemos plantearnos entonces dos preguntas, captando su vínculo: «¿Sería la axiología una ciencia práctica o teórica?» y «¿sería la axiología una ciencia humana?».
1. Principios formales del mundo sensible y del inteligible, §9, note ; AK I, 396
2. Crítica de la razón práctica, 1.ª parte, Libro II, cap. II, I
3. Lógica, Introducción, Apéndice, AK IX, 86-87
4. Qu’est-ce que l’éthique ? Armand Colin, Paris, 1997, Glossaire analytique, « Morale », p. 254
5. Ibid., Glossaire analytique, « Ethique », p. 241