Un sitio sobre ética y filosofía de los valores

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La axiología conoció sus desarrollos más importantes a finales del siglo XIX y comienzos del XX con Brentano, Husserl y Max Scheler, que pueden considerarse los tres fundadores de esta disciplina. Pero los tres acabaron dedicándose a tareas distintas de la elaboración de una axiología propiamente dicha.

Husserl y, en menor medida, Brentano se ocuparon más bien de una axiología formal; Brentano se limitó a sacar a la luz axiomas formales axiológicos (proyectos que estudiaremos más adelante con mayor detalle).
Scheler, por su parte, trabajó mucho para distinguir el valor de conceptos afines como los de bien y fin, pero probablemente no llevó ese trabajo lo bastante lejos, ya que para él la disciplina cuyo objeto han de ser los valores no es la axiología sino una «ética material de los valores». En él se encuentra por ello el término «esfera axiológica» y muy raramente el de «axiología». Cabe sostener que Scheler reconoce lo «axiológico» pero no la «axiología».

Una característica de las obras de autores posteriores en las que hemos encontrado el término «axiología» es su uso de pasada, sin definición ni análisis detenido, como si tal cosa no fuera necesaria. Así, Delesalle, en un libro dedicado por completo a los valores, solo utiliza cuatro veces el término «axiología» —por ejemplo: Nada precede ni justifica la conciencia axiológica ni tampoco la guía; el valor es por tanto lo mismo que el movimiento de la conciencia que valora1— y en cada una de esas apariciones se busca en vano una definición o una breve descripción de esa disciplina cuyo nombre se invoca.

La axiología aparece así, en el campo del saber contemporáneo, como una disciplina nacida muerta, de la que no queda más que el nombre, sin contenido alguno, que a veces se cruza de pasada en una línea de un libro sin que se sepa a qué remite.
La razón es simple: cuando se confunden los conceptos de valor y de bien se produce lógicamente una segunda confusión, la de las disciplinas que toman por objeto esos dos conceptos. La disciplina que estudia el bien —la moral— se confunde entonces con la que estudia el valor —la axiología—. Se supondrá por ello que el problema de los valores es un problema moral y que se resolverá el problema axiológico con conceptos morales. Así, la primera consecuencia del olvido de los valores será la confusión entre moral y axiología; o mejor, la primera ha sofocado a la segunda e impedido que se desarrolle como una ciencia autónoma provista de sus propios conceptos, de su propio método y de un contenido consistente.

Se ve pues la causa profunda del olvido de la axiología: el olvido de su objeto —el valor mismo— debido a su confusión con conceptos morales vecinos.

Este olvido de la noción de valor, su confusión con la noción de «bien», intentaremos captarlo en su síntoma privilegiado en la obra fundamental de uno de los grandes pensadores de la ética del siglo XX: Moore. Observaremos entonces un fenómeno extraño: el valor resiste a su propio olvido, termina reapareciendo en el seno del pensamiento de Moore, que al inicio se apoya por completo en el concepto de bien, y llega a ocupar un lugar más importante que este sin que el propio autor lo advierta.


3/ La desaparición y luego la reaparición del concepto de valor en la obra de Moore


a) La desaparición del concepto de valor

La principal preocupación de Moore en Principia Ethica es mostrar que el concepto de bien es una noción simple, es decir, dotada de un sentido distinto del de los demás conceptos. Por ello es imposible, como pretende el hedonismo, afirmar que el sentido mismo de la palabra «bien» es «producir placer» y hacer desaparecer así por completo el concepto de bien bajo el de placer.

Podemos reformular esta tesis de Moore de varios modos para facilitar su comprensión. Podemos decir, por ejemplo, que ningún otro concepto puede hacerse cargo del contenido de sentido que porta la palabra «bien». Podemos decir también que el bien no tiene sinónimo. Puede formularse con esta tautología provocadora: el bien es el bien.

También puede entenderse distinguiendo dos tipos de identidad: la identidad analítica, del tipo el enano es un hombre pequeño —que es siempre una tautología, pues el predicado está contenido en el sujeto: todos los enanos son hombres pequeños—…
…y la identidad sintética, del tipo este enano es rico —que no puede ser una tautología, ya que el predicado no está contenido en el sujeto—.
En el caso de la identidad analítica, sujeto y predicado son intercambiables, lo que resulta imposible en el caso de una identidad sintética.

Puede entonces proponerse una quinta reformulación de la idea de Moore afirmando que, según él, todos los enunciados sobre el bien solo pueden ser sintéticos, nunca analíticos: Si se me pregunta «cómo definir el bien», mi respuesta será que no puede definirse y que no tengo nada más que decir al respecto. Pero por decepcionantes que puedan parecer esas respuestas no dejan por ello de ser de una importancia extrema. […] Se reducen a lo siguiente: «las proposiciones que versan sobre el bien son todas sintéticas y nunca son analíticas2.

En el prólogo a la segunda edición propone una sexta reformulación. Observa que por analítico en realidad quería decir «tautológico» y por sintético «no tautológico», y lo resume así: Ninguna proposición referente al bien es una pura tautología3.

Por último pueden proponerse dos formulaciones finales: el bien es «inanalizable» e «indefinible».
Para ser definible haría falta en efecto que el bien fuera analizable. Ahora bien, eso exigiría que el bien fuera una noción compleja. Puede por ejemplo definirse al hombre como animal político (zoon politikon), como hace Aristóteles, porque al analizarlo se han identificado en él dos nociones más simples: la de animal y la de racional. Pero el bien no está constituido por ni surge del encuentro de otros dos conceptos. Su sentido lo toma solo de sí mismo: Digo que el bien no se compone de partes por las que podríamos sustituirlo mentalmente cuando lo concebimos4.

Se llega entonces a una conclusión que parece resumir el resultado principal de esta investigación: No hay absolutamente nada que podamos así sustituir a "bien" (good) y eso es lo que quiero decir cuando afirmo que no puede definirse5.

1. Liberté et valeur
2. G.H. Moore, Principia Ethica, Paris, PUF, 1998, p. 46
3. Ibid., p. 18
4. Ibid., p. 48
5. Ibid., p. 48