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La sustitución que opera Moore se presenta como evidente. Se realiza sin afirmarse en silencio como una elipsis inadvertida por parte de su propio autor que afirma unas líneas más adelante que nada puede sustituir al «bien». Pero ese silencio contiene en realidad muchas cosas. Es un silencio evocador. Esa elipsis en cuanto tal se asemeja a una región del no ser y está cargada en toda su vacuidad con toda la autoridad del pasado.

Asistimos entonces a una doble desaparición del concepto de valor en estas líneas.

Primero «valor» desaparece como concepto inconsistente pues hay identidad analítica entre bien y valor. «Valor» no es más que un sinónimo de la palabra «bien» y no tiene otro contenido que el de «bien»; es una cáscara vacía. «Valor» conservaría toda la dignidad de un concepto consistente si al menos se afirmara una identidad sintética con el concepto «bien». No ocurre.

Pero sobre todo «valor» desaparece incluso como sinónimo pues Moore no deja de repetir que nada puede sustituir a «bien» en contradicción directa con la sustitución que acaba de realizar él mismo. Si todo lo que puede decirse es que «el bien es el bien» ni siquiera se nos autoriza a afirmar que «el bien es el valor» ni siquiera en sentido tautológico.
Dicho de otro modo el concepto de valor aún conservaba la «dignidad» de un sinónimo es decir una cáscara vacía. Ahora se le retira esa dignidad. «Valor» ya ni siquiera es un sinónimo: es una sombra y una palabra que desaparece en cuanto se pronuncia; el equivalente en la filosofía moral de lo que el punto es en matemáticas: algo sin longitud anchura ni espesor que pertenece más a la nada que al ser.

La obra de Moore resulta por ello fascinante pues condensa y resume en sí el fenómeno que actúa en la historia de la filosofía moral: la desaparición del concepto de «valor» en beneficio del de «bien».

2) la confusión bien/valor/precio/deber/existencia

Evidentemente el pasaje que acabamos de estudiar no es el único en el que se produce esta confusión. De hecho Moore sigue —pese a su intención— dando sinónimos a la palabra «bien». Así: Cada vez que [el hombre] piensa en el precio intrínseco en el “valor intrínseco” o dice que “tal cosa debe existir” lo que se presenta a su mente es el único objeto —la única propiedad de las cosas— que designo con “bien”1.

No son menos de cuatro los conceptos que ahora quedan identificados analíticamente con el bien: el precio el valor el deber y la existencia o si se prefiere «el deber de existir». En otras palabras ser un bien es tener un precio tener un valor o tener el deber de existir.
Estos tres o cuatro conceptos en cuanto sinónimos del bien son por tanto sinónimos entre sí y tienen el mismo sentido.
Ahora bien, sabemos desde Kant que el precio y el valor no pueden asimilarse. Por otra parte, decir que tener un valor es tener el deber de existir mezcla dos errores: la confusión valor/deber y un juicio dogmático no fundado según el cual solo lo que existe puede tener valor, al que puede oponerse el juicio axiológico que afirma que solo tiene valor lo soñado, el ideal o los paraísos artificiales.

1. Ibid., p.58