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Esto llevaría entonces a la idea de que el concepto de valor puede ser sinónimo de ‘Good’ pero no puede proporcionar un análisis de su sentido. Pueden formularse dos observaciones.

Para determinar si el valor puede o no proporcionar un análisis de «Good» haría falta que Moore examinara por sí mismo este concepto de valor. Ahora bien Moore una vez más no realiza nunca ese examen. Moore priva por tanto sin ninguna justificación al «valor» de esa dignidad: la de poder proporcionar un análisis del «bien».

Por otra parte recordemos que Moore ha definido el bien como un género de valor. Ahora bien para analizar las cosas el pensamiento desde hace mucho procede clasificándolas según géneros y especies. Se creía captar el sentido de algo cuando se lograba identificar la especie a la que pertenecía luego la clase luego el género etc. Es decir se admitía que para analizar una cosa o un concepto había que identificar la clase en la que estaba inscrito. Sabíamos qué era el hombre definiéndolo como «mamífero bípedo de sangre caliente etc.»
Moore hace suya esta vía tradicional al identificar el género al que pertenece el bien: el valor, pero rehúsa admitir contra la evidencia que ello permita analizar el sentido de la palabra «bien», como si se admitiera que el hombre es un mamífero de sangre caliente y que eso fueran simples sinónimos que no aclaran en nada qué es un hombre.


5) Balance

La evolución del pensamiento de Moore tiene algo fascinante: señala entre líneas la dirección que querríamos emprender. Al inicio de su reflexión el valor ni siquiera posee la dignidad de un sinónimo. No es más que un significante una sombra que aparece solo para desaparecer. Luego Moore lo conceptualiza explícitamente y sin darse cuenta pues mantiene esa afirmación inconciliable según la cual nada puede sustituir al bien salvo sinónimos le confiere la máxima importancia al definir el bien como un género de valor.

El valor se revela como ese concepto misterioso que se sitúa por encima del bien del que este no es sino una especie y que le confiere su sentido y sus condiciones de inteligibilidad.

El valor de elemento oscuro pasa a piedra angular de la ética sin que ni siquiera al parecer el propio autor que le otorga tal promoción lo advierta. Todo apunta por tanto en esta dirección: una investigación auténtica sobre los fundamentos de la ética debe orientarse hacia el concepto de valor para ver qué se oculta en este concepto que aún no ha podido desplegarse en el ámbito que le es propio.

El olvido del valor no es la única consecuencia de la confusión entre moral y axiología.
Cabe suponer que la incomprensión del concepto de valor ha traído consigo la imposibilidad de hallar un fundamento para la moral. Fundar la moral no es probablemente demostrar que hay que ser moral ni demostrar que ser moral nos hace felices. Es precisamente demostrar que la moral tiene un valor o que ser moral tiene más valor que ser inmoral o amoral. Por ello solo la axiología en cuanto se ocupa de determinar qué tiene valor y qué no lo tiene podría quizá sacar a la luz el fundamento de la moral. Esta es la nueva hipótesis que vamos a examinar.