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3) El enigma del capítulo VI

Hacia el final del libro un pasaje enigmático llama nuestra atención. Moore define el bien como predicado objetivo de valor y luego como predicado inanalizable de valor: A primera vista parece una extraña coincidencia que haya dos predicados objetivos del valor dos predicados distintos “bello” y “bueno” que sin embargo están tan ligados entre sí que todo lo bello es también bueno.
Pero si nuestra definición es correcta esa extrañeza desaparece pues solo deja un predicado inanalizable del valor a saber “bueno” mientras que “bello” aunque no sea idéntico a aquel debe definirse en relación con él siendo así al mismo tiempo distinto de él y necesariamente vinculado a él
1.

Lo que nos obliga a detenernos aquí es que Moore parece por primera vez interesarse por el problema de la relación entre los conceptos de «valor» y «bien». Se limita a decir que uno es un predicado del otro. Esto en el fondo nos sirve de poco. Porque ser predicado de algo es estar ligado a ello por el verbo «es». Ahora bien Moore no nos da ningún dato sobre la naturaleza de ese vínculo. También aquí el vínculo puede ser sintético o analítico (en una tautología como «un gato es un gato» el predicado «un gato» está ligado al sujeto «un gato»).

Así pues Moore no nos dice nada más que esto: hay cierta relación entre valor y bien. ¿Relación de sinonimia de género a especie etc.? Moore no lo precisa. No obstante aquí Moore plantea por primera vez de modo explícito el problema de la relación entre los conceptos de bien y de valor. Pero tenemos que conformarnos con una no respuesta.


4) Las aclaraciones del prólogo de la segunda edición

El prólogo de la segunda edición reviste un interés particular porque unos años después de la publicación de su obra Moore vuelve sobre ella con mirada crítica y su notable probidad intelectual le lleva a rechazar varias de sus propias ideas.

Se observa entonces que por primera vez define la relación del valor con el bien. Es una relación de género a especie: ‘Good’ es intrínsecamente un género de valor. Cuando se dice de una cosa que posee un “valor intrínseco” una parte de lo que se quiere decir es siempre creo que posee un género de valor que tiene esta propiedad2 [ser bueno].

Entendámonos: el valor es la clase más amplia y contiene como un género en su interior la clase más estrecha que es el bien. Tomemos una imagen elocuente: el bien es al valor lo que la Granny Smith es a la manzana o lo que el vals es a la música.

Moore insiste: ‘Good’ y algunos otros predicados […] comparten con él esta peculiaridad: atribuirlos a las cosas es atribuir a esas cosas un género de valor. Al decir esto de G pienso por tanto que le estoy asignando un lugar del todo especial entre los predicados3.

¿Qué pensar?

Se ve que el valor empieza por fin a aparecer a la luz y que Moore se decide a examinarlo. Sin embargo esa reflexión se cierra de inmediato pues no hace más que afirmar cuál es su vínculo con el concepto de bien y nunca piensa el valor para decidir qué es en sí mismo. Es extraordinario que Moore escriba un centenar de páginas buscando la definición del bien —para concluir que no existe— y no dedique ni una sola línea al valor considerado en sí mismo.
Sabemos entonces que el bien es un género de valor lo cual no nos hace avanzar en absoluto pues no sabemos qué es el valor en el pensamiento de Moore.

Sobre todo resulta difícil ver cómo puede Moore sostener que el bien es una noción simple que no contiene a diferencia de las nociones complejas ninguna otra noción. Pues si el bien es un género de valor debe contener al menos en sí mismo la noción de la que es uno de los géneros: la de valor. Volviendo a nuestro ejemplo ¿qué sería la Granny Smith si no contuviera en sí misma la noción de manzana? ¿Y no es condición de inteligibilidad del concepto de vals que contenga en sí mismo el de música?

Así pues queda invalidada la tesis principal de Moore la que constituye el objeto del capítulo 1 de las Principia Ethica. Moore sin embargo parece no verlo. En cambio como si presintiera el problema propondrá un argumento que podría constituir una defensa interesante.

Reconocerá en efecto que al final pueden hallarse sinónimos de «bien» y que pueden sustituirlo. Afirma incluso explícitamente que el concepto de valor es uno de esos sinónimos (esa toma de conciencia es un progreso cierto). En cambio se mantiene firme en lo siguiente: nunca podrá reemplazarse bien por otro concepto que lo analice. Distingue así entre expresar el sentido de un término mediante otros términos que contienen un análisis de ese sentido y expresar el sentido de un término mediante otros términos.

Solo la última posibilidad es viable para «good» según Moore: Puede que sea verdad que G es inanalizable y por tanto no puede expresarse con otras palabras que contengan un análisis. Pero desde luego no es verdad que no pueda expresarse con ninguna otra palabra. […] En nuestra propia lengua [usamos] otras palabras o expresiones como sinónimos de “bien” en este sentido. Es evidente por ejemplo que la palabra “deseable” se usa a veces en este sentido lo mismo que la expresión “tener un valor intrínseco” que yo mismo utilizo más adelante para transmitir este sentido4.

1. Ibid., p. 275
2. Ibid., p. 32
3. Ibid., p. 33
4. Ibid., p. 18