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En resumen Moore no se limita a reiterar la contradicción señalada arriba que consiste en sostener a la vez que nada puede sustituir a «bien» y darle al mismo tiempo un sinónimo. Agrava esa contradicción al asignarle varios. Pero lo que remata el error es que los sinónimos que propone tienen cada uno un sentido del todo singular y ninguno puede reducirse analíticamente a otro sin una grave alteración del sentido aunque pueda concebirse un vínculo sintético. Es como si se nos dijera: «“jirafa” tiene cuatro sinónimos: “gato” “pata” “silla” e “interés”».

En el capítulo 1 Moore vuelve a asimilar implícitamente los conceptos de bien y deber cuando responde a una objeción. Esta objeción formulada por el hedonista consiste en decir que quizá el bien es una «cáscara vacía»:
[habla el hedonista]: […] La mayoría de la gente usa esta palabra [bien] unos para designar lo agradable otros para designar lo deseado.
[Respuesta de Moore]: […] No creo que [él] esté dispuesto a admitir que no quiso decir otra cosa. Todos ponen tal impaciencia en persuadirnos de que aquello a lo que llaman bien es lo que realmente debemos hacer. “Se lo ruego actúen así de verdad porque la palabra bien suele designar acciones de esta índole”: tal sería según su concepción la sustancia de su enseñanza.
En la medida en que nos dicen cómo debemos actuar su enseñanza es verdaderamente ética como es su intención
1.

Es decir, el debate entre el hedonista y Moore no es simplemente verbal. No están dando contenidos distintos a una misma palabra —el bien— que por sí misma carecería de contenido. Ambos están de acuerdo en que la palabra bien significa «lo que hay que hacer» (el deber) y discrepan sobre si el concepto de deber puede reducirse al de placer o es independiente.
Sea como fuere, Moore afirma aquí, de modo bastante indirecto, que la palabra bien, aunque definida como inanalizable por ser simple, contiene el concepto de deber.

Pueden señalarse otras dos apariciones sobre las que pasaremos rápido. Ante todo, en el capítulo 2: Si fueran verdaderas [las teorías que buscan definir el bien en sí] simplificarían en gran medida el estudio de la ética. Todas consideran que solo hay un tipo de hecho cuya existencia tiene valor […] [todas] han considerado que ese único tipo de hecho es la definición de lo que significa la propia palabra bien» . Moore admite aquí que «bien en sí» equivale al concepto de «aquello cuya existencia tiene valor2.

Por último en el capítulo V muestra que para hallar cuál es nuestro deber hay que buscar qué acción en una situación dada produce el mayor valor en sí misma y en sus efectos y luego como si fuese equivalente produce el mayor bien: Necesitamos todo ese saber causal y necesitamos además un conocimiento exacto del grado de valor de esa acción misma y de todos sus efectos.
[…] Y eso no es todo; también hace falta que estemos en posesión de todo saber pero esta vez respecto de cualquier otra acción que pudiéramos elegir; por tanto debemos poder constatar por comparación que el valor total atribuido a la existencia de la acción en cuestión sería superior al que se produciría para cualquier otra opción que pudiéramos tomar.
Pero es evidente que nuestro saber causal es demasiado incompleto para que estemos jamás seguros de ese resultado. Se sigue por tanto que nunca tenemos la menor razón para imaginar que una acción es nuestro deber; nunca podemos estar seguros de que una acción producirá el mayor valor posible.
La ética es por tanto incapaz de proporcionarnos una lista de deberes, pero queda aún una tarea más humilde que puede asignarse a la ética práctica. […] Puede que pueda demostrarse entre esas opciones cuál será la que, susceptible de presentarse a cualquier espíritu, produzca la mayor suma de bien
3 [subrayado nuestro].

También aquí pues valor, bien y deber se confunden.

1. Ibid., p. 52
2. Ibid., p. 83-84
3. Ibid., p. 215-216