Un sitio sobre ética y filosofía de los valores

bandera de Francia

5/ Hipótesis sobre el origen de la angustia posmoderna


La ausencia de fundamento de los valores nos ha llevado a precisar el estado de espíritu que debería seguirse en el axiólogo que admite este hecho. Pero este fenómeno nos parece aportar también una respuesta a la interrogación que habíamos planteado: ¿por qué la época posmoderna parece caracterizarse por una angustia tan intensa en lo que concierne a los valores?

Por nuestra parte pensamos que esta angustia proviene precisamente del sentimiento inconsciente de que los valores en los que creemos y que defendemos, a veces con las armas en la mano, no están en ningún caso fundados. Probablemente sería un error creer que esta ausencia de fundamento afecta únicamente al objetivismo axiológico, que sostiene la idea de un fundamento de los valores.

La ausencia de todo fundamento nos parece afectar a todas las doctrinas axiológicas: el relativismo, el subjetivismo, el nihilismo no aparecen más fundados que el objetivismo o el intuicionismo de los valores.

El relativismo tendería a ver en la impotencia en que se ve sumido el objetivismo cuando intenta fundar los valores una confirmación de su propio enfoque de los valores. Pero la impotencia posmoderna aparece tan profunda que el juicio «no hay más que valores relativos» está tan poco fundado por el momento como el juicio inverso «existen valores absolutos».

Del mismo modo, el nihilismo es incapaz de fundar la idea según la cual «nada tiene valor»; la ausencia de toda prueba del valor de la vida no es en sí misma una prueba del valor negativo de la vida.

El nihilismo, el relativismo, etc., probablemente no están fundados porque participan de los mismos errores que el objetivismo. En primer lugar, estas posiciones axiológicas intentan fundarse utilizando uno u otro de los cinco métodos ineficaces que hemos creído posible identificar (el método cualitativo, hedonista, etc.). En segundo lugar, no inscriben sus reflexiones en una disciplina que estaría consagrada a los valores, la axiología, sino que utilizan conceptos morales o, en el caso del relativismo, conceptos procedentes de la sociología.

El desconcierto posmoderno nos parece proceder de este estado de cosas; la angustia surge del hecho de que ninguna doctrina axiológica resulta satisfactoria, mientras que el hombre no puede evitar juzgar axiológicamente su mundo.

Más fundamentalmente, es el propio sentido de la noción de valor lo que se vuelve oscuro para el hombre posmoderno. Ya no se sabe muy bien, en definitiva, qué es un valor, aun cuando a veces se combate por un valor. Tal vez sea esta ignorancia la que engendra nuestra angustia: ¿qué es el valor?
¿Será el mundo posmoderno aquel que ignora el fundamento y, más allá de él, el propio sentido del valor?


[Ir al capítulo 4]