e) El subjetivismo contemporáneo
En el siglo XX el subjetivismo encuentra un nuevo impulso, y ello en cada una de sus dos corrientes, clásica y creadora. En el marco limitado de esta reflexión nos contentaremos con mencionar las dos doctrinas principales que provocan este renacimiento.
El hombre es libertad y esto parece ser incompatible para Sartre con la existencia de un valor que el mundo tendría por sí mismo (mientras que, curiosamente, la libertad sí es compatible para él con la facticidad, es decir con la existencia de cosas que la libertad podrá utilizar). Por ello el valor no puede desvelarse más que a una libertad activa que lo hace existir como valor por el solo hecho de reconocerlo como tal. Se sigue que mi libertad es el único fundamento de los valores y que nada, absolutamente nada me justifica adoptar tal o cual escala de valores
1.
Por otra parte encontramos un resurgir del subjetivismo clásico en la crítica que el emotivismo de Ayer y Anderson dirige a las nociones morales. Estas no tienen para ellos sentido cognitivo, es decir, no atribuyen un predicado objetivo a algo sino que expresan solo sentimientos subjetivos como el asco o la admiración. Así, por ejemplo, «es malo» no tiene otro significado que «¡Berk!» o «¡Baah!». Esta doctrina, inspirada a su pesar en las reflexiones del primer Wittgenstein (y antes en Carnap), que niegan todo significado a los conceptos morales, recupera los resultados del subjetivismo clásico, que afirma que las cualidades no son más que nociones subjetivas proyectadas equivocadamente sobre el mundo objetivo.
Por último este subjetivismo se encuentra en una gran cantidad de autores contemporáneos que se apoyan en argumentos muy distintos para defender tal doctrina. Así, Lavelle parte del lenguaje moral y sostiene que la verdad del subjetivismo es afirmada por ese mismo lenguaje: Que el valor no resida nunca en las cosas sino en la actividad que se aplica a ellas, que las transforma, eso aparece ya en una expresión como: faire valoir
2.
En general es el deseo (siguiendo en ello a Spinoza) el que se considera como la causa principal de la subjetividad de los valores: Si el valor de las cosas es su aptitud para provocar deseos y el valor es proporcional a la fuerza del deseo, hay que admitir que el valor es esencialmente subjetivo
3.
Esto lleva a un spinozista como Misrahi a definir la evaluación según un enfoque subjetivista: acto por el cual se “calcula” y se define el valor de un objeto o de una acción. Este acto parece suponer la objetividad de los criterios, es decir de los valores que permiten medir y juzgar el valor de un hombre o de una acción. En realidad la evaluación es también y sobre todo el acto por el cual la conciencia pone valores, es decir inventa y define fines considerados como dignos de ser perseguidos y de ser propuestos a la acción de los demás. Esta creación de los valores es el acto originario que hace posible la evaluación empírica. Así la evaluación creadora es el acto fundador de la ética
4.
Por último, una gran cantidad de autores objetivistas concederán al subjetivismo su tesis principal antes de intentar trabajosamente reencontrar en el valor una cierta objetividad. Así, Ruyer admite la idea de que el valor solo puede ser subjetivo, puesto que la evaluación la realiza un sujeto: Es imposible, al describir el valor, hacer abstracción de un agente, de un sujeto, salvo como ficción provisional. En este sentido preciso el valor es subjetivo. Un ideal es el ideal de un sujeto. El valor o la forma de un objeto precioso es aprehendida por un sujeto. ¿Qué podrían ser lo cómico o lo gracioso o lo útil en un mundo inconsciente, sin sujetos ni subjetividad?
5. Mediante una analogía con las cualidades segundas, como el color, intentará mostrar que los valores están ligados, pese a todo, de algún modo a la objetividad.
Sería demasiado largo examinar en detalle las diversas formas que ha podido adoptar el subjetivismo contemporáneo. Llegados a este punto nos parece que disponemos de una concepción lo bastante precisa del subjetivismo –en las dos acepciones que hemos creído poder identificar– como para pasar al examen de su legitimidad. ¿Puede uno satisfacerse con el subjetivismo, encarna este la posición axiológica que pondría fin al problema de los valores en la medida en que constituiría su solución?
1. El ser y la nada, 1.ª parte
2. Traité des valeurs, livre I, 1ère partie, chapitre 1, section 1
3. Ehrenfels, System der Werttheorie, Leipzig, 1897 et Ribot, Logique des sentiments
4. Qu’est-ce que l’éthique ? Armand Colin, Paris, 1997, Glossaire analytique, « Evaluation », p.242
5. Philosophie de la valeur